A través de los años,hemos oído la famosa frase: “El limón corta la grasa”, y le hemos atribuido propiedades, podría decirse milagrosas, al limón para poder abusar un poquito más de comidas de alto aporte calórico, como el caso de los chicharrones o alguna otra fritura. Aparte de eso, cuantas veces no nos han recomendado tomarnos el infaltable remedio de la soda con limón y sal, para aliviar el malestar y “diluirla grasa “ que nos ha estado indisponiendo desde el banquete altamente calórico que gozamos horas antes. Pero, ¿Serán ciertas todas estas propiedades otorgadas a este cítrico tan versátil?

El Mito

Esta vez seré tajante con la respuesta: ¡No!, y fui así de directo con la respuesta, porque no le encuentro ningún sentido lógico a esta creencia. Pero con gusto puedo explicar, el que siento yo, es el supuesto que hace pensar a las personas que el limón realmente si “corta la grasa”.

Comencemos diciendo todos los nutrientes y bondades que si se le han demostrado al limón a través del tiempo y de estudios científicos. El limón es fuente importante de vitamina C (además de tener pocas cantidades de otras vitaminas y minerales), de compuestos fenólicos (como el ácido cafeíco y ferúlico) y flavonoides (hesperidina) que son conocidos compuestos antioxidantes.

En este caso,propiedades como la fibra y contenido de los limonoides (fitonutrientes), no los voy a tomar en cuenta porque, aunque si son propiedades muy interesantes que posee el limón, no están disponibles en la pulpa, por lo que no se aprovechan al consumir jugo de limón.

No podemos dejar a un lado los ácidos orgánicos como el cítrico y el málico, que son justamente algunos de los compuestos que le podrían dar explicación a esta creencia. Estos ácidos se consideran los responsables del sabor ácido del limón, pero a pesar de eso el á. cítrico, por ejemplo, también es conocido por sus propiedades antioxidantes, conservantes y como amortiguador o regulador del pH (acidez).

Explicación

Si, a pesar de ser catalogado como un ácido por su sabor y su pH (±2), tiene un efecto contrario en el cuerpo, y a diferencia de lo que se puede pensar, aumenta el pH de la sangre,disminuyendo la acidez de la digestión causada por la ingesta de comidas pesadas como las grasas.

“El pH de los jugos gástricos es alrededor de 1, similar al de una batería de automóvil”

Este efecto buffer lo hace por sí solo el cuerpo, al comer nuestros alimentos, se estimula la producción de ácido para la digestión e inmediatamente la sangre trata de equilibrar esta acidez estimulada, mediante la producción de bicarbonato (tal como lo vimos la semana pasada en QdlV).

Entonces podríamos decir que el limón posee las 2 rutas coadyuvantes de la digestión, por un lado ayuda a generar un ambiente ácido para la digestión en el estómago, pero también ayuda a regular ese desequilibrio ácido-base, causado por el propio ácido cítrico, HCl y otros ácidos estomacales, promoviendo un ambiente alcalino de la sangre,junto al bicarbonato.

El limón sí ayuda a mejorar la digestión, pero esto no quiere decir por ningún motivo, que elimina o disuelve las grasas. Lo que hace es ayudar al cuerpo a digerirlas, pero la cantidad de calorías ingeridas no va a variar, como dicen, ya lo hecho, hecho está. El limón es uno de los alimentos más versátiles que existen, acompaña bien tanto comidas dulces como saladas, y además de todas las propiedades mencionadas acá, tiene un excelente sabor…pero no le pidan milagros, el pobre sigue siendo una simple fruta.

Bibliografía:

Fundación Española de nutrición. Limón

Belitz, H. D. & Grosch, W. 1992. Química de los alimentos. Acribia, S. A., España.

Categorías: Mito o realidad

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