La búsqueda de reducción en el consumo de sodio ha sido un tema de varios años atrás. Al inicio, habían menos alternativas que ahora, pero la tecnología ha avanzado y hoy en día se habla de cambios moleculares en la sal común (de mesa) o de potenciadores de sabor para disminuir la adición de sal -sodio- en un alimento.

Si bien, ahora existen varias presentaciones o distintas sales en el mercado (de diferentes regiones o fuentes), una de las primeras alternativas disponible para el consumidor fue (y sigue siendo) la sal marina. Pero, ¿Qué tiene de diferente la sal marina sobre la sal de mesa para poder ser percibida como “mejor”?

Procedencia de la sal

La sal común se puede conseguir mediante la extracción de la roca mineral “halita“, pero la forma principal de obtención de sal es mediante la evaporación del agua marina. Entonces, si ya la mayoría de la sal que consumimos es marina, ¿Porqué ahora la buscamos como si fuera una novedad?

La sal común o de mesa, es refinada, no importa la procedencia, mineral o marina. Al refinar la sal, las impurezas y algunos minerales no deseados son extraídos, por esta razón la sal de mesa como la conocemos es un polvo fino y blanco brillante.

Si bien, se puede refinar la sal proveniente de cualquiera de las 2 fuentes, es más habitual dejar “cruda” o sin refinar la proveniente del mar, ya que son más los minerales que acarrea. No obstante, nuevas tendencias de marketing están logrando meter al mercado la sal mineral no refinada y venderla como un producto mejor o premium.

Propiedades de la sal marina

Una de las cualidades de la sal marina, es que por su naturaleza contiene minerales como calcio, magnesio y potasio. Por esta razón, hay una fuerte tendencia a consumir esta sal no refinada, la cual tiene una textura más dispareja y conserva los minerales propios del sedimento marino. Todas estas características han ayudado a que este tipo de producto se promueva como “mejor” que la sal refinada y se venda a un precio mayor.

Otra cualidad que se le atribuye es que la cantidad de sodio es levemente menor, dado a la presencia de los minerales mencionados anteriormente. Pero más importante que esto, es que se necesita menor cantidad de sal marina para llegar a la misma intensidad de salazón que la necesaria usando sal refinada, por lo que podría ser una mejor opción si la usamos responsablemente.

Otras sales

La sal como la conocemos es inolora e incolora (blanca). Sales no refinadas, como la de Himalaya (rosada), la de Hawai (roja) o la Kala Namak de la India (negra), son coloridas gracias a diferentes razones, como por ejemplo, la presencia de minerales específicos que reaccionan durante la extracción o el propio método utilizado para el procesamiento (ahumado).

Estas impurezas o irregularidades especiales en este tipo de sales, aparte de aportar coloraciones, pueden aportar otros sabores leves, además de diferentes valores nutritivos dependiendo del mineral “intruso” que contengan.

Sal es sal

Es importante rescatar que no importa de donde provenga la sal, mineral o marina, tienen casi el mismo contenido de sodio (alrededor de un 35-40%), ya que ambas son exactamente lo mismo, Cloruro de Sodio (NaCl). Por lo que el consumo tiene que ser moderado en los 2 productos, incluso en cualquier tipo de sal del mercado, refinada o no, a no ser que sea un producto específicamente reducido en sodio.

Si nuestra necesidad dietaria es reducir el contenido de sodio en la alimentación, deberíamos reducir la cantidad de sal que utilizamos independientemente del tipo. En este caso, lo mejor es consumir productos especializados para tal fin, que ya de por sí, en el mercado existen diferentes opciones.

 

Bibliografía

Noticia de BBC mundo: La sal marina es tan dañina como la sal común.

Herrador, M. 2005. Análisis tipo de una sal marina proveniente del mediterráneo. SID-Alimentaria. Uni Sevilla.

Nutropedia. Página de internet.

Categorías: Mito o realidad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *